domingo, 25 de septiembre de 2011

¡A salvar Moratalaz! - Clara (12 años)

Será una vez, dentro de muchos años, habrá un grupo de empresarios muy ricos que querrá destruir Moratalaz. Habrá también una niña llamada Sofía a la cual le encantará Moratalaz, al igual que a su amigo Santiago (Santi). Sofía y Santi harán todo lo posible para echar de Moratalaz a ese grupo de empresarios. ¿Comenzamos la historia?

Era una mañana como otra cualquiera y Sofía y Santi jugaban tranquilos y sin preocupaciones. De repente aparecieron cinco hombre con trajes de color azul brillante (si sucediese en el presente irían de negro) y unas gafas de sol:

- ¡Largo de aquí enanos! – les dijo uno -. Tenemos que hacerle una pequeña inspección a este parque.
- Si, señor – dijo Sofía, muy educadamente -. ¿Por qué lo inspeccionan, tiene algún problema?
- ¡Niña, no te metas donde no te llaman! – gruñó otro.
- Vámonos, Sofía – dijo Santi -. Si seguimos discutiendo tendremos problemas con estos tipos.

Sofía y Santi salieron del parque y vieron como los hombres de azul rodeaban el parque con una cuerda roja, escribían un cartel que decía “Prohibido el paso” y, mientras, se reían de forma extraña en sus caras.

Al cabo de un tiempo no había ni un solo parque para jugar; lo peor era que todas las tiendas de La Lonja se habían visto obligadas a cerrar porque ahora no había nadie que pudiese entrar en La Lonja y, por lo tanto, ya nadie compraba allí, ni iba a sus bares. Sofía y Santi pensaban que Moratalaz estaría acabado si no hacían algo, y rápido.

Un día Sofía tuvo una gran idea para salvar el barrio, era muy simple y radical. Su plan era… ¡Llamar a los mayores!

Muchos os preguntaréis el por qué; muy simple, los mayores y, en general, los padres son las personas a las que tomamos de ejemplo en nuestra vida cotidiana, si ellos no lograban que los hombres de azul parasen habría que buscar un plan B. Sofía fue la primera en hablar con sus padres:

- Papá, mamá, me gustaría que me echaseis una mano en un proyecto que he de llevar a cabo – dijo Sofía seriamente -. Hay unos hombres vestidos de azul que han cerrado un montón de parques y tiendas. ¿Podéis hacer algo para que todo esto se solucione?
- Mira hijita – dijo su madre -. Me encantaría decir que puedo pero entonces te mentiría.
- Pero ¿por qué?
- Tesoro… - dijo su padre -. Los coches voladores funcionan con aroelita (parecido a la gasolina), la aroelita cuesta dinero y una parte de nuestro dinero se gasta en esos parques, ¿lo comprendes, mi niña?
- Si, papá – respondió Sofía -, pero no estoy de acuerdo; yo voy a seguir luchando por lo que creo que es justo y si no estáis de acuerdo conmigo me da exactamente lo mismo.

Sofía se marchó de casa muy enfadada por no haber conseguido el apoyo de sus padres. Lo primero que hizo fue decírselo a Snti que al igual que Sofía, no estaba de acuerdo con los mayores.

Dos días después Santi propuso reunir a todos los niños y niñas de Moratalaz en (el ya remodelado cuatro veces) Colegio Nuestra Señora de Motaralaz, por su amplitud y comodidad.

Sofía y Santi colgaron carteles por todas partes con el fin de que algún niño leyese el cartel.

El gran día llegó y Santi fue a leer el discurso que había preparado; pero vio que había tantos niños que se puso nervioso; a pesar de ello, lo empezó a leer:

- Buenos días, niños y niñas de Moratalaz; soy Santiago, Santi para vosotros. El caso es que esos tipos, los hombres de azul, no respetan Moratalaz, ni sus tiendas, ni sus parques y ni tan siquiera los polideportivos.- decía Santi muy serio -. Yo no me pienso quedar de brazos cruzados. ¿Y vosotros?

Hubo un silencio incómodo, pero, de repente, se escuchó una voz:

- ¡Bien dicho, Santi! – dijo uno.
- ¡Estamos contigo! – dijo otra.
- ¡Viva Santi! – gritaron todos.
- Silencio, silencio. Vamos a ver, lo primero es localizar a los hombres de azul y, después, es muy simple: les acorralamos entre todos y les obligamos a irse.
- Pero Santi, son mayores y nos pueden con creces – dijo una chica -. Además ¿no ves lo fuertes que son? ¡es imposible vencer!
- Hay que tener fe – dijo Santi.

Todos se pusieron manos a la obra y les encontraron facilmente y les rodearon.

- ¡¿Qué hacéis, granujillas?! – les dijo uno -. ¡Fuera!
- ¡Nunca! – gritó Sofía -. ¡A por ellos!
- ¡Vamos! – gritaron todos -. ¡Al ataque!

Entre todos consiguieron agarrar a tres y los metieron en un sótano cerrado con llave, para que no escaparan. Después fueron a por los otros dos y los encerraron en el mismo sótano.

Les dieron tanto miedo que se fueron por la ventana y les dejaron en paz para siempre. Todos estaban muy contentos, por fin Moratalaz estaba a salvo.